domingo, 23 de septiembre de 2007

Las plantas de la selva


Si te pararas en medio de la selva, verías que está dividida en tres capas o estratos de vegetación, cada una con diferencias respecto a la temperatura, la cantidad de luz y la de agua que reciben.
Aunque es posible distinguir una capa de otra, las tres se relacionan entre sí como partes del mismo ecosistema. Para explicarte esta división, hablaremos de los estratos, uno a uno: el emergente, la bóveda y el monte bajo.
Empezaremos por la capa superior o emergente, donde destacan las copas de los árboles más altos, que llegan a medir 45 metros y crecen alejados unos de otros. Con frecuencia es difícil identificar la especie a que pertenecen, pues sus hojas, flores y frutos se encuentran a gran altura.
La mayoría de los troncos de estos gigantes, no son muy anchos y una vez que sobresalen de la copa de los árboles de menor tamaño, extienden sus ramas.
Aquí la temperatura es muy alta. Por ello, aunque los árboles gigantes son los primeros en recibir la lluvia, ésta se evapora con rapidez. Sin embargo, sus hojas son pequeñas y duras, así logran absorber y acumular el agua.

El viento sopla con enorme velocidad, moviendo las copas de los árboles de un lado a otro; durante algunas tormentas, puede ser tan fuerte como para derribarlos. Sin embargo, la mayoría de árboles gigantes tiene unas salientes en la base de su tronco, llamadas contrafuertes, que como si fueran raíces endurecidas y gruesas detienen al árbol, pues le ayudan a distribuir su peso.
Así, a pesar de que sus raíces no son profundas, el árbol tiene mayor estabilidad y resiste a la fuerza del viento.
Bajo la capa emergente se encuentra el siguiente estrato, la bóveda. En éste, la temperatura disminuye un poco, lo mismo que la intensidad del viento. En cambio, aumenta la humedad del ambiente.
Allí abundan árboles que miden entre diez y treinta metros de altura y crecen muy cerca unos de otros, de manera que sus ramas no pueden extenderse mucho.
Las copas de los árboles que conforman la bóveda están casi unidas unas con otras y forman una especie de techo que cubre a las plantas más pequeñas.
Sin embargo, este techo de ramas y hojas no está completamente cerrado, sino que tiene agujeros, por donde deja pasar luz solar y agua de las lluvias hasta el suelo, aunque ambas llegan en menor cantidad que en las alturas.
Las plantas epífitas viven en ramas horizontales, bajo la copa de los árboles. Esto les permite protegerse del viento, tener sombra cuando los rayos del sol son intensos y recibir con abundancia el agua de la lluvia.
Entre ellas se encuentran musgos, helechos y una gran variedad de orquídeas, muy apreciadas por sus formas y colores.
Las trepadoras, también llamadas lianas o bejucos, son plantas con tallos delgados y flexibles, que se enredan al tronco de un árbol para subir hasta encontrar la luz del sol.
En su camino hacia lo alto, los troncos de las trepadoras se detienen de las ramas de su alrededor y quedan colgando de ellas. De esta forma, se enlazan varios árboles, a veces con tanta fuerza, que aún cuando se corte el tronco de uno de ellos, éste no cae.
Las estranguladoras o matapalos, son árboles que crecen sobre otros árboles. Nacen como pequeñas plantas que se desarrollan sobre una rama; con el tiempo ganan fuerza y sus raíces bajan hasta el suelo, del cual toman más sustancias nutritivas.
Gracias a esto, los tallos de la estranguladora se engrosan y se enredan en el árbol que les sirve de apoyo. Después, le crecen ramas y hojas.


Por esta razón, existe un tercer estrato: el monte bajo, muy cerca del suelo, donde el clima es diferente. Aquí llega poca luz, pero hay mayor humedad, pues el agua tarda más tiempo en evaporarse y los árboles evitan que el vapor suba al cielo con rapidez.
Debido a lo escaso de la luz, la plantas tienen cierta dificultad para crecer, aunque hay algunas que se desarrollan muy bien a la sombra, como es el caso de los hongos, helechos, arbustos pequeños y plantas de hojas grandes y anchas.
Los árboles y palmeras del monte bajo llegan a medir tres metros como máximo. En este lugar también, inician su vida los árboles que alcanzan grandes alturas, pero posteriormente se adaptan a los cambios climáticos de los demás estratos. La cantidad y el tipo de vegetación del monte bajo cambian al formarse un claro. Esto ocurre cuando caen varios árboles altos, dejando un espacio por donde los rayos del sol y la lluvia llegan hasta el suelo con intensidad. Así, crecen con abundancia arbustos, plantas pequeñas y árboles de madera suave.